El Último de la Fila, o la insurrección poética que conquistó el rock español en los 80 y 90

La historia de cómo Manolo García y Quimi Portet transformaron la poesía en letras de unas canciones que se convirtieron en auténticos e indiscutibles himnos generacionales

Enrique Sierra

El Último de la Fila fue (seguramente habría que decir es) uno de los grupos más influyentes del pop-rock español, formado por Manolo García y Quimi Portet en 1985. Con una propuesta que combinó guitarras eléctricas, sensibilidad poética y una identidad sonora inconfundible, el dúo publicó seis discos de estudio y dejó canciones emblemáticas como “Insurrección” o “Como un burro amarrado en la puerta del baile”, convirtiéndose en referencia imprescindible de la música española de los años 80 y 90.

El origen de una voz propia y un sonido inconfundible

A comienzos de los años ochenta, mientras la Movida madrileña copaba titulares y el tecno-pop dominaba las listas, en Barcelona germinaba una propuesta distinta. Manolo García y Quimi Portet coincidieron primero en Los Rápidos y después en Los Burros, proyectos donde ya asomaban la ironía lírica, el gusto por las guitarras orgánicas y una personalidad alejada de modas pasajeras.

En 1985 decidieron dar un paso definitivo y fundaron El Último de la Fila, nombre que evocaba marginalidad, resistencia y una cierta épica del outsider. Su debut llegó en un momento de transición cultural: España consolidaba su democracia, la industria musical se profesionalizaba y el público comenzaba a demandar algo más que estética nocturna y sintetizadores.

Frente al artificio predominante, el dúo apostó por letras cargadas de metáforas, una sensibilidad casi pictórica y una mezcla de rock, folk y ecos flamencos que conectaba con la tradición sin sonar antigua. No eran un grupo de moda: eran una anomalía luminosa. Y precisamente por eso, terminaron convirtiéndose en una de las voces más singulares y perdurables del pop-rock español.

1985 — Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana

Debut oficial. Producción austera, sonido crudo y letras cargadas de simbolismo.

1986 — Enemigos de lo ajeno

El salto masivo. Sonido más definido y ambición artística creciente. Consolidó su popularidad y confirmó que no eran una banda pasajera, sino una propuesta sólida dentro del pop-rock nacional.

1988 — Como la cabeza al sombrero

Consolidación internacional. Guitarras más expansivas, producción más rica y un repertorio que amplía su alcance fuera de España.

1990 — Nuevo pequeño catálogo de seres y estares

Madurez creativa. Equilibrio perfecto entre poesía y contundencia rock. Uno de sus discos más celebrados, con enorme repercusión en España y Latinoamérica.

1993 — Astronomía razonable

Etapa reflexiva. Sonido más pulido y letras introspectivas. El dúo profundiza en su universo simbólico sin perder capacidad melódica.

1995 — La rebelión de los hombres rana

Despedida artística. Un álbum más experimental y menos inmediato, que cierra su trayectoria de estudio antes de la separación en 1998.

Más allá de los seis discos: directos, remezclas y archivo definitivo

Aunque la columna vertebral de su legado está en los seis álbumes de estudio publicados entre 1985 y 1995, El Último de la Fila amplió su catálogo con lanzamientos que ayudan a entender su dimensión escénica y su posterior canonización.

El regreso que nadie esperaba pero todos deseaban

En 1998, cuando su prestigio artístico y su reconocimiento popular estaban en lo más alto, El Último de la Fila anunció su disolución. No hubo escándalos ni desgaste público evidente: simplemente el cierre de una etapa creativa que ambos consideraban completa. La decisión sorprendió porque el dúo se retiraba en plenitud, lejos del declive que suele acompañar a muchas bandas. Ese gesto, casi elegante, reforzó su aura mítica.

A partir de entonces, Manolo García y Quimi Portet emprendieron caminos en solitario con identidad propia, ampliando sus universos musicales pero manteniendo viva la herencia del proyecto compartido. Durante décadas, cualquier posibilidad de reunión fue más deseo del público que intención real.

Hasta que saltó la sorpresa. El anuncio de su regreso a los escenarios en 2026, tras casi tres décadas de silencio como dúo, activó la memoria colectiva de varias generaciones. No se trató solo de una gira, sino de la recuperación de un repertorio que forma parte del ADN sentimental del pop español. El retorno no borra la leyenda de su separación en la cima; la completa. Porque algunas historias no terminan: simplemente esperan el momento exacto para volver a sonar.